viernes, 5 de septiembre de 2008

DOMINGO Y SÁBADO,
ROSARIO Y ROSAL


Las obras de Dios son maravillosas. No nos cansaremos nunca de admirar una puesta de sal, la claridad de la aurora, una flor que se abre, el vuelo de un pájaro. Pero por encima de las obras de la naturaleza, está el prodigio de la persona humana cuando responde al proyecto divino.
Un hombre santo es lo más admirable, aunque a veces sea difícil detectar esa hermosura porque los santos son humildes y esconden su santidad.
Se suele hablar de la Edad Media como un tiempo de oscurantismo. Por eso Dios creó dos grandes lumbreras, una en España y otra en Italia, pero iluminaron no sólo a su país de origen, sino el mundo entero.
Llegó el primer día de la semana, domingo. Y Dios colocó sobre el candelero a un hombre llamado DOMINGO, fue el año de 1170. Sacerdote, predicador, enamorado de María Virgen, con una formación científica seria para combatir la herejía. Recorrió las iglesias de España, Francia, Italia. Desde los púlpitos proclamaba el Evangelio a todos los hombres y mujeres, incluso a los herejes. Y su arma favorita era el Santo Rosario, como un jardín de avemarías que perfumaba el ambiente y sanaba los corazones.
La historia seguía adelante. Después de domingo, llegó el lunes, el martes, el miércoles, el jueves y el viernes. Hacía falta otra lumbrera. El sábado de la historia, el año 1182, Dios colocó otra luz esta vez en Italia, pero con un nombre alusivo a Francia. Lo llamaron FRANCISCO. No fue sacerdote, ni letrado. Era parrandero y lo consideraron el rey de la juventud. Pero un día Cristo le habló: “Repara mi iglesia que amenaza ruina”. Y Francisco puso manos a la obra. Se abrazó con un leproso y cambió de vida. Muchos jóvenes le siguieron. Y francisco, a las afueras de Asís, les reunió en una asamblea al aire libre.
DOMINGO tuvo noticias del capítulo de las esteras y fue a ver. Se encontró con un gentío, pero sin organización visible. ¿Quién alimentaria a tanta gente? Nadie había pensado en ello. Y DOMINGO temía que todo resultara un fracaso. Pero ¡qué va! La gente de Asís comenzó a llegar llevando pan y vino, huevos y pescado, pollo y verduras, fruta, queso… Hubo comida para todos y sobró.
DOMINGO estaba admirado. Se acercó a FRANCISCO y le obsequió el mejor regalo que podía hacer: el rosario. Un instrumento para meditar el evangelio, honrar a María, vencer las tentaciones…
Y desde entonces, FRANCISCO y los franciscanos cuelgan del cordón con que se ciñen, el santo rosario. Signo de unión y fraternidad de dominicos y franciscanos.
FRANCISCO recorría los campos y los bosques, predicaba también a los pájaros, y vivía la pobreza evangélica.
El rosario significa el rosal de rosas con que obsequiamos a nuestra madre María. Y el mundo comenzó a ser iluminado por DOMINGO y FRANCISCO, con el rezo del santo rosario.
Han pasado los años. DOMINGO murió el año de 1221, cuando tenía 51 años. Cinco años más tarde, en 1226, murió FRANCISCO, cuando tenía 44 años. Los dos en el cielo, en el misterio de la Trinidad, mantienen su porfía de honrar a María con el rosario. Son incontables los rosarios que dominicos y franciscanos rezan todos los días, en el cielo y la tierra.
Y el mundo, a pesar de los pecadores, se salva gracias a esos rosales que florecen por todas partes. Son los rosarios que la gente piadosa siembra en el jardín celestial.
Dios ama a María y ama a todos los que aman a María.
El rosario es el distintivo de los amantes de María.
No te avergüences nunca de tu rosario, Dios no se avergonzará de ti.

Hno. Carlos Bazarra, OFMCap.

1 comentario:

filipe dijo...

QUE DEUS NOS ABENÇOE E NOS PROTEJA!!
VOC.CAPUCHINHO
BRASIL-PROCEPI
PAX Y BIEN